Salí del notario temblando de felicidad: mi abuela me dejó dos apartamentos y una casa de verano. Entré corriendo para contárselo a mi marido y a mi suegra… y me quedé clavada tras la puerta. “Esta noche la convencemos de firmar”, susurró él. “Si no, hacemos que parezca un accidente”, respondió ella. Sentí el aire irse de mis pulmones. Y entonces escuché mi nombre… seguido de una fecha.
Salí de la notaría con una sonrisa que no me cabía en la cara. Mi abuela Carmen, la única persona que siempre me defendió, me había dejado dos apartamentos en Valencia y una casa de verano en la costa. Yo, Lucía Herrera, por fin tenía un respiro. En el taxi imaginé a Álvaro, mi marido,…