Estaba en el museo cuando una mujer me deslizó una nota: “Actúa normal. Sonríe. Sal cuando yo salga.” Sentí un escalofrío. Se acercó a mi oído y susurró: “Ese hombre te está siguiendo.” Tragué saliva, fingí reír… y entonces escuché pasos detrás de mí. Al girarme, se me heló la sangre. “No mires ahora”, me dijo ella. Pero ya era tarde… ¿por qué estaba aquí?
Me llamo Lucía Navarro y aquel sábado entré al Museo de Bellas Artes de Madrid solo para apagar la cabeza. Iba con vaqueros, una blusa clara y el móvil en silencio. A los diez minutos noté algo extraño: el mismo hombre aparecía en cada sala con una naturalidad demasiado perfecta, como si yo fuera el…