Vine a Canadá a ver a mi hijo y entramos al súper. La cajera sonrió: «¿Otra vez, señora Collins? ¡Tercera vez hoy!». Me reí nerviosa: «Es mi primera vez aquí». Pero mi hijo se puso pálido, me agarró del brazo y susurró: «Mamá… vámonos, ¡ya!». En el estacionamiento, vi a una mujer idéntica a mí empujando otro carrito. ¿Quién era la “señora Collins”?
Vine a Canadá para visitar a mi hijo, Mateo, que llevaba años diciendo que “por fin” le iba bien. En el coche me habló de su trabajo, de “clientes importantes”, de lo caro que era todo allí. Yo solo quería verlo, abrazarlo, sentir que seguía siendo mi niño. Por eso acepté cuando dijo: “Mamá, vamos…