En la cena de nuestro décimo aniversario de boda, entré al restaurante con un ojo morado. La música se detuvo. Los platos quedaron suspendidos en el aire, como si el tiempo se hubiera congelado. Mi marido me apretó el hombro y dijo: “No te preocupes, esas son mis hermanas. Solo le están enseñando una lección de respeto”. Sus hermanas estallaron en carcajadas… hasta que mi hermano se levantó, se inclinó sobre la mesa y le susurró: “¿Listo para mi lección, Ethan?”
Llegué al restaurante “La Dársena” con el ojo izquierdo morado y una mancha violácea que no se podía tapar ni con el mejor corrector. Era nuestra cena de décimo aniversario de boda, y yo, Lucía Martínez, avancé entre mesas con la espalda recta, como si el dolor no latiera en cada paso. El cuarteto de…