El día de mi boda, mi suegra me empujó al coche y gritó: “Llévenla a las montañas, ¡no se casará con mi hijo!”. Mis manos temblaban cuando el auto se detuvo. El conductor se giró lentamente y susurró: “Perdón… no tenía otra opción”. En ese instante entendí que no solo querían separarnos… querían borrar mi existencia. Pero no sabían quién era yo en realidad.
Me llamo Lucía Álvarez y el día de mi boda con Javier Moreno empezó como una postal: flores blancas, la iglesia de San Isidro llena, mi padre ajustándome el velo con manos temblorosas. Javier me mandó un audio: “Cinco minutos y por fin somos nosotros”. Yo sonreí, hasta que vi a Carmen, mi suegra, acercarse…