Mi marido seguía con los auriculares frente al PC mientras mi suegra me golpeaba con el rodillo: «¡Así aprenderás a sacar la basura!». Yo aguanté en silencio hasta que se cansó. Entonces caminé, tranquila, hacia el enchufe. Al ver mi mano en el cable, chilló: «¡No, no hagas eso…!». Y ahí entendí: por fin tenía el control… ¿o no?
Me llamo Lucía Navarro y todavía me cuesta creer lo que pasó aquella tarde. Javier, mi marido, estaba sentado frente al ordenador con los auriculares puestos, absorto en una videollamada de trabajo como si el mundo no existiera. En la cocina, su madre, Carmen Roldán, me tenía acorralada junto a la encimera. En una mano…