Guardé silencio sobre la verdad: yo fui quien recompró la casa de los padres de mi marido, mientras su amante rica se llevaba el mérito encantada. Cuando me puse de parto de gemelos, nadie apareció por mí; estaban demasiado ocupados cocinando y haciéndole la pelota a ella. Al día siguiente, mi marido me entregó los papeles del divorcio. “Eres completamente inútil. Me quedaré con uno de los niños”, se burló. Creía que yo estaba rota, indefensa. Pero a la mañana siguiente, la policía irrumpió en la casa…
Yo, Clara Ríos, aprendí a tragarme la rabia con una sonrisa. Durante meses dejé que Sofía Llorente —la amante “elegante” de mi marido, Javier Medina— se colgara una medalla que no le pertenecía: la de haber “recuperado” la casa de los padres de Javier en Sagunto. La verdad era otra. Yo había sido quien la…