Mi suegra me envió una caja de chocolates gourmet refrigerados por mi cumpleaños. Al día siguiente, me llamó y, con un tono despreocupado, preguntó: —Entonces, ¿qué tal estaban los chocolates? Sonreí y respondí con naturalidad: —Ah, mi esposo se los comió todos. De pronto, hubo un silencio absoluto al otro lado de la línea. Luego, con la voz temblorosa, dijo: —…¿Qué? ¿Hablas en serio? Un momento después, mi teléfono volvió a sonar: era mi marido llamándome…
Me llamo Laura Gómez, y durante años aprendí a leer los silencios de mi suegra, Carmen Ruiz, mejor que sus palabras. Para mi cumpleaños número treinta y cuatro, me envió una caja elegante, sellada con hielo seco y una tarjeta sobria: “Para ti.” Dentro había chocolates gourmet refrigerados, de esos que cuestan más de lo…