Nochebuena. La autopista estaba vacía, la nieve aullaba, y mi aliento se volvió hielo a -15°C. Derek redujo la velocidad del coche y, como si no fuera nada, dijo: “Ella también está embarazada. La elegí a ella.” Se me encogió el estómago alrededor de mi bebé de ocho meses. Busqué mi teléfono: desaparecido. La cartera: desaparecida. Él abrió la puerta. “Tu hijo fue un error.” Las luces traseras se desvanecieron… y entonces entendí que la tormenta no era lo peor que había ahí afuera.
Nochebuena. La autopista A-2 estaba casi vacía a la salida de Zaragoza, y el termómetro del coche marcaba -15 °C. La nieve golpeaba el parabrisas con un chillido fino, como si alguien arañara el cristal. Yo, Lucía Romero, acaricié mi vientre de ocho meses intentando calmar al bebé, que se movía nervioso con cada bache….