En la boda de mi hermana, ella se burló de mí en su discurso: «Mi hermana es madre soltera, no la quiere nadie». La sala se rió. Mi madre añadió: «¡Es un producto usado!». Mi padre se tapó la boca para contener una risita. Entonces el novio se levantó y agarró el micrófono. La sala se quedó helada.
La boda de mi hermana Claudia se celebraba en una finca a las afueras de Toledo, con guirnaldas de luces y un DJ que intentaba que todo pareciera de revista. Yo llegué con mi hijo Mateo de la mano, traje sencillo, zapatos que me apretaban y ese nudo en el estómago que aparece cuando sabes…