Nunca pensé que una taza de café pudiera destruir mi mundo. Cuando la camarera me la entregó, vi el anillo. Las iniciales de mi esposo grabadas dentro. —¿Dónde conseguiste eso? —pregunté, con la voz temblando. Ella sonrió y respondió: —Mi marido me lo regaló. En ese instante, entendí que mi matrimonio escondía una verdad que aún no estaba lista para enfrentar.
Nunca imaginé que una mañana común pudiera convertirse en el inicio de la mayor traición de mi vida. Me llamo Claudia Morales, tengo cuarenta y dos años y llevaba quince años casada con Javier, o al menos eso creía. Aquella mañana entré a una cafetería cerca de mi oficina, un lugar al que iba desde…