No fue al funeral de nuestro bebé… y todavía escucho su voz: “Nunca quise a ese niño”. Al día siguiente supe la verdad: se fue de viaje con su secretaria. Cuando regresó, abrió la puerta y se quedó pálido. “¿Tú… qué haces aquí?”, tartamudeó. Yo solo señalé el escritorio del CEO, donde estaba sentada, con su anillo de empresa en mi dedo. “Ahora sí vas a escucharme”. Y esto recién empieza…
El silencio del tanatorio pesaba como una losa. Yo, Clara Medina, sostenía la mantita diminuta donde había envuelto a nuestro bebé. Una semana de vida. Llamé a Javier una y otra vez. “Estoy en camino”, dijo al principio. Luego, nada.El último mensaje llegó cuando ya habían cerrado el pequeño ataúd: “Nunca quise a ese niño”….