Nunca olvidaré esa noche. Mi madre nos dejó con 30 dólares y una botella de agua. “Volveré pronto”, dijo antes de cerrar la puerta. Mentía. Días después, escuché a mi hermano susurrar: “Tengo miedo…”. Cuando regresó, gritó al ver la casa. Yo solo pensé una cosa: si ella hubiera llegado una hora más tarde… nadie estaría vivo. Pero esa no es toda la historia.
Nunca pensé que mi propia historia terminaría convirtiéndose en una advertencia. Me llamo Lucía Martínez, y la noche que lo cambió todo comenzó con una maleta abierta en el suelo. Mi madre, Rosa, iba a viajar a Canadá por “unas vacaciones cortas”. Eso fue lo que dijo. Antes de irse, dejó 30 dólares y una…