Mi nieta no hablaba desde hacía tres años… y yo ya estaba rota por dentro. En la revisión, el médico la dejó sola un instante y salió pálido, agarrándome del brazo: “Señora… esto no es un problema médico”. Sentí que el suelo se abría. “¿Entonces qué es?”, susurré. En ese momento, mi nuera entró… con algo apretado entre las manos. Mi corazón se detuvo. ¿Qué estaba ocultando?
Me llamo Lucía Herrera, tengo 57 años, y durante tres años repetí la misma frase como un rezo: “Mi nieta Alba no puede hablar”. Lo decía en el colegio, en la familia, en cada cita médica. Alba tenía seis cuando dejó de pronunciar palabras; de un día para otro pasó de cantar anuncios en la…