Mi marido exigió el divorcio cuando yo tenía 68 años: “¡Me lo llevo todo!”. Mi abogado gritó: “¡Contraataca!”. Pero yo firmé tranquilamente todos los papeles. Él celebró durante dos semanas. Yo me estaba riendo; él se olvidó de…
A los 68 años, cuando yo pensaba que mi vida con Javier iba a ser tranquila —cafés en la terraza, revisiones médicas y planes pequeños—, él llegó una tarde con una carpeta azul y una sonrisa que no le conocía. Ni siquiera se quitó la chaqueta. —Quiero el divorcio, Carmen. Y no voy a discutir:…