Él gritó: ‘¡Entonces vete a la casa de tus padres, ojalá no te congeles!’, y me dejó encerrada afuera en pleno invierno, con nada más que un camisón. Yo estaba a punto de romper la ventana cuando nuestra vecina anciana salió y dijo: ‘Mi hijo es el jefe de tu marido. Quédate conmigo; mañana él tendrá que suplicar’.
Cuando Olivia Jensen recordó aquella noche helada de diciembre, un escalofrío aún le recorría la espalda. Todo comenzó con una discusión aparentemente simple: la incertidumbre económica, las horas extras de Daniel y la sensación creciente de que él ya no la veía como compañera, sino como una molestia. Aquella tarde, Daniel regresó del trabajo irritado,…