En la audiencia de nuestro divorcio, mi marido se rió al ver que yo no tenía abogado. —Sin dinero, sin poder, sin nadie de tu lado… ¿quién va a rescatarte, Gracia? —se burló con desprecio. Estaba convencido de que yo era completamente indefensa. Lo que no sabía era quién era realmente mi madre… hasta que ella cruzó la puerta de la sala del tribunal y el aire pareció desaparecer de golpe. Todas las miradas se giraron hacia ella, y el silencio fue absoluto. La sonrisa se borró de su rostro en un instante. Donde antes había soberbia, apareció el miedo más puro. En ese preciso momento, su vida perfecta empezó a venirse abajo.
El día de la audiencia de divorcio llegó más rápido de lo que yo esperaba. Me llamo Gracia Morales, tengo treinta y seis años y llevaba meses preparándome emocionalmente para ese momento, aunque no tuviera dinero para un abogado. Entré sola a la sala del juzgado de Madrid, con una carpeta sencilla bajo el brazo…