El director levantó la vista y dijo: —“Señora, su hijo firmó su ingreso permanente. Hoy es su cumpleaños.” Mi hijo no me miró. Bajó la cabeza, como si yo ya no existiera. En el vestíbulo, delante de desconocidos, entendí que no me dejaba allí por cuidado… sino para quitarme de en medio. Yo guardé silencio. Él no sabía algo. Y ese error lo iba a perseguir.
Me llamo Carmen Salgado, tengo setenta y dos años y he vivido toda mi vida en Valencia. Fui costurera, luego administradora, luego simplemente “la madre de”. Crié sola a mi hijo Javier después de que su padre se marchara. Nunca me quejé. Nunca pedí nada a cambio. El día que cumplí setenta y dos, Javier…