Mi hijo juró que estaba pescando con sus amigos… pero la llave del bote seguía colgada en casa. Lo llamé: «¿Cómo va la pesca?» Él se rió: «Acabo de alimentar a los peces». Algo no cuadraba. Abrí el rastreo del teléfono: no estaba ni cerca del lago. Amplié la ubicación… y sentí que el corazón se me detenía. ¿Qué estaba ocultando?
Me llamo Lucía Navarro, y todavía me tiembla la mano cuando recuerdo aquella tarde. Mi hijo Álvaro, de diecisiete años, me dijo que se iba a pescar con sus amigos al embalse. Sonó normal: mochila ligera, sudadera, auriculares, una despedida rápida. Pero en cuanto la puerta se cerró, vi algo que me heló: la llave…