Yo aún estaba despidiéndome de mi hijo en el aeropuerto cuando mi nieta de siete años me apretó la mano. —“Abuela… tenemos que irnos. Ahora.” Me agaché, confundida. —“¿Irnos adónde?” Ella susurró, con los ojos llenos de miedo: —“Él ya se fue. Y si nos quedamos, nos va a doler.” Cogí las llaves… y en ese instante entendí que mi familia ya estaba rota. ¿Quieres saber por qué?
Me llamo Carmen López, tengo 63 años y he vivido toda mi vida en Valencia.Crié sola a mi hijo Javier después de que su padre nos abandonara. Trabajé limpiando casas, cuidé ancianos, y jamás le fallé. Él creció, estudió, formó una familia… o eso creía yo. Aquella mañana acompañé a Javier al aeropuerto. Tenía un…