Él sonrió con desprecio y dijo: «Vamos a ver si de verdad estás embarazada», antes de empujarme por las escaleras. Recuerdo el golpe seco de mi cuerpo contra los peldaños, el dolor desgarrándome por dentro… y luego la risa de mi hermana resonando desde arriba. Ella estaba disfrutando de aquello. Mientras yacía allí, sangrando, un solo pensamiento ardía en mi mente: esta caída no fue un accidente… y tampoco fue el final de mi historia.
Cuando Javier sonrió con desprecio y dijo: “Vamos a ver si de verdad estás embarazada”, supe que algo se había roto para siempre. No fue una broma ni un arranque de ira momentáneo. Fue una decisión. Antes de que pudiera reaccionar, sentí el empujón seco en la espalda y el vacío bajo mis pies. El…