Delante de todos, él sonrió y me destrozó con una frase: “Este matrimonio no llega al próximo año, ella no está a mi nivel”. Sus amigos aplaudieron, pero yo no me quebré: “¿Un año? Mejor terminemos ahora”. Salí de allí sin mirar atrás. Esa misma noche, su mejor amigo me escribió: “Hay algo que él te ha escondido y necesitas verlo”. Fue entonces cuando todo cambió para siempre.
Me llamo Lucía Navarro, tengo treinta y dos años y durante siete creí que conocía al hombre con el que me casé. Álvaro siempre había sido encantador en público: atento, educado, el tipo de esposo que sabía exactamente qué decir para que todos lo admiraran. En casa era distinto. No me gritaba, no me pegaba,…