Con ocho meses de embarazo, me lancé a una piscina para salvar a una niña de seis años que se estaba ahogando. Cuando Emma por fin jadeó para respirar, su madre gritó: «¡No toques a mi hija, te voy a demandar!». El vídeo se hizo viral… y también mi vida. En el hospital me quedé helada: mi marido, Derek, estaba allí y le siseó: «Tiffany, cállate». Entonces vi la pulsera de Emma: HART. Se me cayó el estómago. «Ese… es su apellido», susurré. Y esa solo fue la primera mentira que descubrí.
Con ocho meses de embarazo, lo último que esperaba era convertirme en protagonista de un vídeo viral. Era sábado por la tarde en la piscina comunitaria de nuestra urbanización en Valencia. Yo estaba sentada a la sombra, con los pies en el agua, intentando combatir el calor y las patadas del bebé. Escuché un chapoteo…