“¡Lárgate! ¡Y no vuelvas jamás!” El grito retumbó mientras me empujaban fuera de la tienda, aún aferrando la caja de leche que necesitaban mis hermanos. Sentí la vergüenza arder en mi rostro… hasta que una voz grave detrás de mí dijo: “¿Quién se atreve a tratar así a una niña que solo intenta sobrevivir?” Me giré… y lo que vi cambió mi destino para siempre. ¿Quieres saber qué pasó después?
El frío de la tarde me calaba los huesos mientras apretaba entre mis brazos la pequeña caja de leche. Mis hermanos, Sofía y Mateo, no habían comido nada desde la noche anterior. Mamá llevaba semanas sin encontrar trabajo y yo, con apenas once años, era lo único que mantenía la casa en pie. Entré a…