Creían que yo era la presa fácil: callada, dulce, indefensa. “Fírmalo”, siseó mi ex, deslizando los papeles por la mesa. “No vas a ganar”. Las puertas de la sala del juzgado se abrieron con un chirrido. Pasos pesados en el pasillo. Mi abogada se quedó helada. Hasta el juez levantó la vista. “Señoría”, dijo una voz tranquila, “nos gustaría declarar”. La sonrisa de mi marido se deshizo en cuanto los reconoció. Yo ni pestañeé: me incliné un poco más y le susurré, casi sin voz: “De verdad, deberías haber preguntado quién me crió”. Y entonces mi familia empezó… a contar, con nombres y fechas, lo que él hizo después de que yo me fui.
Ellos pensaban que yo era la fácil: callada, de voz baja, “la que no se mete en líos”. Durante años, Javier se acostumbró a que yo cediera. Cedía cuando él decidía el restaurante, cuando hablaba por mí en reuniones, cuando me decía que mi trabajo de administrativa “no era gran cosa”. El día que me…