A los 65 años trabajé en tres empleos para pagarle la universidad de medicina a mi hijo. El día de su graduación, sonrió y dijo señalando a otra mujer: “Ella es mi mamá, la responsable de quien soy hoy.” Sentí cómo el mundo se detenía. Nadie escuchó mi respiración temblorosa cuando di un paso al frente. No grité. No lloré. Pero lo que hice después… cambió todo.
Me llamo Carmen Rojas y, a los 65 años, mi cuerpo ya no respondía como antes, pero mi terquedad sí. Durante siete años encadené tres trabajos: limpiaba oficinas al amanecer, atendía una cafetería al mediodía y cosía arreglos por la noche. Todo para una sola meta: que mi hijo, Javier, terminara Medicina sin cargar con…