Mi nombre es Laura Bennett, tengo treinta y cuatro años y jamás pensé que una frase susurrada por una niña de seis años pudiera partir mi vida en dos. Apenas habían pasado cuarenta minutos desde que mi esposo Daniel salió rumbo al aeropuerto por un viaje de trabajo cuando mi hija Emily corrió hacia mí desde el pasillo. Tenía la cara pálida, los labios apretados y los ojos llenos de un miedo que no correspondía a su edad. Se agarró a mi cintura y, casi sin mover la boca, murmuró: —Mamá… tenemos que irnos lejos. Ahora mismo.
Mi nombre es Laura Bennett, tengo treinta y cuatro años y jamás pensé que una frase susurrada por una niña de seis años pudiera partir mi vida en dos. Apenas habían pasado cuarenta minutos desde que mi esposo Daniel salió rumbo al aeropuerto por un viaje de trabajo cuando mi hija Emily corrió hacia mí…