A las dos de la madrugada, mi teléfono chilló en la oscuridad. La voz de un policía me atravesó sin piedad: «Señora… su marido está en el hospital. Lo encontramos con una mujer». Conduje como si huyera de mis propios pensamientos. En urgencias, el médico me detuvo junto a la cortina, con la mirada cargada: «Lo que está a punto de ver puede dejarla en shock». La apartó de un tirón… y el mundo se inclinó. Las piernas me fallaron en el mismo instante en que vi lo que lo esperaba a su lado. Y eso solo era el comienzo…
A las 2 de la madrugada, mi teléfono chilló en la oscuridad como si alguien lo estuviera estrangulando. Contesté medio dormida, con el corazón ya en la garganta. Una voz masculina, firme, sin espacio para suavidades: “Señora… habla el agente Romero. Su esposo, Javier, está en el hospital. Lo encontramos con una mujer. Hubo un…