Cuando mi esposo me agarró del cabello y me rompió la pierna, le hice una señal a mi hija de cuatro años. Ella marcó el número secreto y dijo: “Abuelo, mamá parece que se va a morir”.
Cuando Javier me agarró del cabello y me arrastró por el pasillo, supe que aquella noche no iba a terminar como las otras. Ya no era solo gritos ni empujones. Sentí el golpe seco cuando me lanzó contra la pared y, antes de que pudiera protegerme, escuché un crujido horrible en mi pierna derecha. El…