Mi hijo me llama a la misma hora cada noche y siempre pregunta: “¿Estás sola?” Si digo que sí, cuelga. Si digo que no, exige saber quién está conmigo. Anoche mentí. Susurré: “Estoy sola.” Mientras colgaba, sentí ese nudo en el pecho, esa alarma que nunca escuché… No sabía que esa mentira iba a ser lo único entre la vida y algo peor.
Mi hijo Daniel me llama todos los días a las diez en punto. No falla nunca. Siempre la misma pregunta, siempre el mismo tono bajo, tenso: “Mamá, ¿estás sola?”Al principio me parecía una manía infantil. Daniel siempre fue controlador, incluso de pequeño. Si decía que sí, colgaba sin despedirse. Si decía que no, quería saber…