Mi hijo, piloto, me llamó a medianoche. «Mamá, ¿está en casa?» Miré el vapor saliendo del baño. «Sí, se está duchando», susurré. Silencio. Luego su voz quebrada: «Imposible. Acaba de abordar mi vuelo a Francia». Sentí un aliento en mi nuca y pasos detrás de mí. No estaba sola. Si la puerta del baño se abre ahora… ¿quién saldrá?
Mi nombre es Elena Márquez y siempre he tenido una relación cercana con mi hijo Carlos, piloto comercial desde hace más de diez años. Aquella noche me llamó a las doce y diecisiete, un horario extraño incluso para su trabajo. Contesté medio dormida, pensando que sería una escala imprevista o un simple saludo rápido. Pero…