Me quedé en silencio durante 22 años de matrimonio. Nadie me golpeó. Nadie gritó. Pero una tarde, en la terraza de casa de mi suegra, mi marido dijo riendo: —“Ana exagera, siempre ha sido así”. Y yo respondí por primera vez, en voz baja, mirándolo fijo: —“No. Así me hiciste tú”. Ese segundo rompió todo lo que creían saber de mí.
Tengo 49 años. Me llamo Ana Martínez.Y durante más de dos décadas creí que callar era una forma de amar. No fue un matrimonio violento. Eso es lo que siempre aclaro, como si tuviera que justificarme. Javier nunca levantó la mano. Solo levantaba la ceja. Solo suspiraba cuando yo hablaba. Solo corregía mis recuerdos delante…