Por más de dos años viví creyendo que mi hijo seguía “viajando por trabajo”, hasta que una mañana, en un instante, un repartidor me entregó un paquete y preguntó en voz baja: “¿Es usted la madre de Logan?”. Al confirmar, dio un paso atrás y dijo: “Entonces ya no puedo quedarme con esto”. Abrí la caja… y el horror de su contenido cambió para siempre mi idea de la familia.
Durante más de dos años acepté la versión que me repetía mi nuera, Lucía: mi hijo Adrián estaba viajando por trabajo, cambiando de ciudad cada pocos meses, sin horario fijo, sin posibilidad de llamadas largas y casi siempre con una excusa distinta para no venir a verme. Yo quería creerle porque la alternativa me parecía…