Todavía escucho su voz resonando en mi cabeza: «Eres inútil. Ya presenté los papeles del divorcio. Quiero que salgas de mi casa mañana mismo». No tenía la menor idea de que yo ganaba 1,5 millones de dólares al año… y no hice nada por corregirlo. Empaqué mis cosas en silencio, sin discutir, sin llorar. Tres días después, mi teléfono sonó. Al contestar, su voz temblaba. —Por favor… tenemos que hablar. Fue en ese instante cuando comprendí algo fundamental: el poder no siempre grita, y la venganza no siempre se apresura.
Todavía escucho su voz rebotando en mi cabeza como un martillo frío y constante:—Eres inútil. Ya presenté los papeles del divorcio. Quiero que salgas de mi casa mañana mismo. Javier dijo esas palabras apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, seguro de sí mismo. Yo estaba sentada en la cama, rodeada…