En casa de mis padres, mi hija de seis años estaba jugando en el patio cuando de repente escuché un estruendo ensordecedor. Salí corriendo y me quedé paralizada de horror: mi hermana casi la había atropellado. Saltó del coche fuera de sí, y en lugar de ayudarla, empezó a arrastrar a mi hija inconsciente para apartarla del camino, gritando: “¡Mantén a tu mocosa lejos de mi coche! ¡Mira lo que hizo!”.
La casa de mis padres siempre había sido un lugar seguro para mí y para mi hija Sofía. Tenía seis años, una risa fácil y esa costumbre de correr descalza por el patio como si el mundo no pudiera hacerle daño. Aquella tarde de verano, el aire olía a tierra caliente y a café recién…