Nunca olvidaré la voz de su madre detrás de la puerta. —“Mañana será su fiesta de compromiso… pero esta chica no entra en nuestra familia.” Me quedé inmóvil en la escalera, con la mano aún en el timbre. Mi prometido no dijo nada. Solo silencio. Ese silencio me humilló más que cualquier insulto. En ese momento entendí que esa noche no había ido a sorprenderlo… había ido a descubrir quién era realmente.
Me llamo Isabel Martín, tengo 42 años y vivo en Valencia. A esa edad una no cree en cuentos de hadas, pero sí en la estabilidad, en la palabra dada y en el respeto. Por eso acepté casarme con Javier, un hombre tranquilo, educado, muy unido a su familia. O eso pensaba. La noche anterior…