Mi esposo me dejó todo su imperio. Mi hijastro me demandó, afirmando que yo era una “ama de casa sin estudios” que lo había manipulado. Para destruirme, contrató al abogado más poderoso de la ciudad. Pero cuando entré a la sala del tribunal, el abogado contrario palideció, dejó caer su maletín y se inclinó ante mí. —¿De verdad es usted? ¡No puedo creerlo! Mi hijastro no tenía idea de quién era yo en realidad…
El día que murió Alejandro Montes, mi esposo, la ciudad entera habló de su imperio: hoteles, constructoras, contratos públicos. Lo que casi nadie mencionó fue que, en su testamento, Alejandro me dejó el control total de todo. Yo soy Lucía Herrera, su segunda esposa. Para muchos, solo “la ama de casa”. Para su hijo, Javier…