Cuando llegué a la boda de mi hermana y dije mi nombre en la entrada, el personal me miró con confusión. Revisaron la lista varias veces y finalmente uno de ellos dijo en voz baja: —Tu nombre no está aquí. Sorprendida y avergonzada, la llamé para preguntarle qué estaba pasando. Ella respondió con una risa burlona y dijo: —¿De verdad pensaste que estarías invitada? Sin discutir ni hacer una escena, me di la vuelta, dejé el regalo que había llevado sobre la mesa y me fui en silencio. Horas después, cuando abrió el paquete y vio lo que había dentro, empezó a llamarme sin parar… pero yo nunca contesté.
Llegué al salón de bodas con el corazón latiendo rápido, sosteniendo un sobre elegante entre las manos. Era la boda de mi hermana menor, Lucía, y aunque nuestra relación nunca había sido cercana, yo creía que la sangre aún significaba algo. Vestía sencillo, sin llamar la atención, y cuando me acerqué a la mesa de…