Cada mañana despertaba con náuseas, y los médicos solo decían: “No es nada”. Hasta que aquel hombre en la tienda de antigüedades tomó mi collar y susurró: “Quítatelo. Ahora mismo.” Sentí el pánico subir por mi garganta. “¿Por qué?” pregunté. Cuando lo abrió y vi lo que había dentro, el mundo se detuvo. Creí conocer a mi hijo… pero ese fue solo el comienzo.
Me llamo Lucía Morales, tengo treinta y nueve años y durante meses mi vida se redujo a una rutina agotadora: despertarme cada mañana con náuseas, un mareo constante y una sensación de opresión en el pecho que no sabía explicar. Los médicos me hicieron análisis, ecografías, pruebas de sangre. Siempre la misma respuesta: “Todo está…