Estaba en casa de mi hijo cuando una vecina se lanzó hacia mí, me sujetó con fuerza del brazo y murmuró con miedo: “Señora… usted no tiene idea de quién vive de verdad aquí”. Antes de que lograra reaccionar, desapareció sin dejar rastro. Entré llena de dudas, pero apenas crucé la entrada, me quedé sin aliento. Lo que apareció ante mis ojos me arrancó un grito… y comprendí que nada era lo que parecía.
Me llamo Elena Navarro, tengo cincuenta y ocho años, y todavía recuerdo con una claridad insoportable la tarde en que fui a la casa de mi hijo Álvaro para llevarle unas llaves que había olvidado en mi coche. Él me había dicho por la mañana que estaría fuera resolviendo unos papeles del trabajo, pero que…