Mientras mi marido cocinaba, apareció en su celular un mensaje de su secretaria: “Te extraño, bebé”. Yo contesté por él: “Ven, mi esposa salió”. A los pocos minutos sonó el timbre. Cuando abrió la puerta y la vio frente a él, toda la sangre se le fue del rostro. Me acerqué despacio y dije: “Habla, amor… ¿qué mentira ibas a inventar ahora?”. Lo siguiente fue aún peor.
Me llamo Lucía Herrera, tengo treinta y cuatro años, trabajo como contable en una clínica privada de Madrid y durante ocho años creí que conocía perfectamente a mi marido, Álvaro Medina. Era de esos hombres que sabían mantener una sonrisa tranquila incluso cuando discutíamos. Cocinaba los domingos, recordaba mis fechas importantes y, de cara a…