Mi esposo me golpeó en plena fiesta de ascenso, y su amante me desafió diciendo: «Solo Dios puede salvarte». Llamé de inmediato… y todos quedaron en silencio.
Me llamo Marina López, tengo treinta y dos años y aquella noche debía ser un triunfo. La empresa celebraba mi ascenso a directora de operaciones en un hotel del centro de Madrid. Había trabajado diez años para llegar ahí. Álvaro Serrano, mi esposo, sonreía frente a los jefes, levantaba copas y me llamaba “mi orgullo”….