Mi marido no solo me fue infiel: me rompió la pierna y me encerró en el sótano por atreverme a contestarle a su amante. Mientras yacía sobre el cemento frío, con el sabor metálico de la sangre en la boca, me reí. Si supiera quién es realmente mi padre, él sería el que estaría suplicando. —Papá… ha llegado el momento —susurré al teléfono oculto. La puerta de arriba crujió. Mi venganza empieza esta noche.
Mi marido no solo me engañó. Se llamaba Javier Molina, abogado respetado en Sevilla, impecable de traje y sonrisa pública. En casa era otra persona. Aquella noche, cuando me atreví a responderle a Clara, su amante, todo cambió. Ella estaba sentada en nuestro sofá, con mis zapatos puestos, hablando como si yo fuera una empleada…