Mis padres se negaron a cuidar a mis hijas bebés mientras yo estaba en una cirugía crítica. Dijeron que yo era “una molestia y un problema” porque ya tenían entradas para ir al concierto de Adele con mi hermana. Desde la cama del hospital, contraté a una niñera, corté todo contacto con ellos y suspendí cualquier ayuda económica. Tres semanas después, escuché que alguien llamaba a la puerta.
Me llamo María Fernanda Ríos, tengo treinta y dos años y soy madre de dos gemelas de diez meses, Lucía y Clara. Nunca pensé que la operación más peligrosa de mi vida no sería la cirugía en sí, sino lo que ocurrió antes de entrar al quirófano. Los médicos me explicaron con claridad: una hemorragia…