«¿Y qué si tu madre está muerta? ¡Deja de llorar y ve a servir a los invitados!». El mismo día del funeral de mi madre, mi esposo me obligó a trabajar como camarera en su fiesta de ascenso. Mientras tragaba mi dolor y cargaba bandejas por el salón, un hombre misterioso se me acercó y me susurró una verdad sobre mi madre: un secreto capaz de destruir todo lo que mi marido creía poseer.
El día del funeral de mi madre amaneció gris, pesado, como si la ciudad entera supiera que yo apenas podía respirar. Me llamo Lucía Morales, y mientras me vestía de negro frente al espejo, aún tenía las manos temblorosas por haber pasado la noche firmando papeles en la funeraria. No había dormido. Mi madre, Carmen,…