A las tres de la madrugada, un agente de policía me llamó y dijo: —Su esposo está en el hospital. Lo encontramos con una mujer. Cuando llegué, el médico me tomó del brazo y me advirtió con voz seria: —Señora, lo que está a punto de ver puede ser muy impactante. Corrió la cortina… y en el mismo instante en que mis ojos se posaron en lo que había detrás, mis piernas cedieron y caí de rodillas al suelo.
A las tres de la madrugada, el teléfono sonó con una insistencia que me heló la sangre. Me llamo Claudia Moreno, tengo treinta y ocho años y hasta esa noche creía conocer mi vida. Al otro lado de la línea, una voz masculina y formal se presentó como oficial de policía. “Señora Moreno, su esposo…