Me quedé paralizada en la boda de mi hermana cuando ella sonrió con dulzura y dijo al micrófono: —Algunas mujeres se casan con hombres ricos. Otras solo se dedican a criar errores. Las risas recorrieron el salón. Entonces mi madre se inclinó hacia delante y añadió con frialdad: —Al menos su error hoy lleva zapatos. Mis manos temblaban alrededor del teléfono, porque lo que ellos no sabían era que yo no estaba allí para suplicar. Estaba allí para revelar la verdad… y terminar con esa boda para siempre.
Me quedé paralizada en medio del salón de bodas, con el sonido de los aplausos aún rebotando en las paredes, cuando mi hermana Lucía tomó el micrófono. Vestía un vestido blanco impecable, sonreía con dulzura ensayada y miraba a los invitados como si fuera la reina del mundo. Entonces dijo, con voz clara y venenosa:—Algunas…