En la reunión de exalumnos, mi antigua acosadora me empujó los restos de comida y se burló de mí. Años atrás, me había humillado delante de todos. Ahora es rica y lo presume sin vergüenza… no me reconoce. Dejo caer mi tarjeta de presentación dentro de su plato y le digo con calma: «Lee mi nombre. Tienes treinta segundos…»
El salón del hotel estaba lleno de risas forzadas, copas levantadas y recuerdos mal maquillados. Era la reunión de exalumnos de mi antiguo instituto, veinte años después. Yo no tenía ninguna intención de ir, pero algo dentro de mí —quizá una necesidad silenciosa de cerrar un ciclo— me empujó a aceptar la invitación. Entré sin…