“—Dáselo a Lilly. Enhorabuena.” Lo dije sonriendo, delante de todos, después de tres años dejándome la piel por esta empresa familiar. El despacho quedó en silencio. Sentí la humillación subir por el cuello cuando supe que el ascenso no era mío, sino de su sobrina, cinco semanas y ya coronada. Mi suegro se puso rojo, gritó que no podía hablar en serio. Yo asentí. Nadie entendió por qué entregué la carta. Nadie imaginó lo que vendría después.
Me llamo María López, tengo 41 años y durante tres años trabajé en Construcciones Ortega, una empresa familiar en Valencia. Entré cuando estaban a punto de perder contratos importantes. Me encargué de proveedores, de cuentas imposibles, de clientes que no querían oír hablar de ellos. Llegaba antes que nadie y me iba cuando ya no…