“El silencio impuesto no evita conflictos, solo los traslada a tu interior.” —“No hagas un drama, Javier”, dijo su padre sin levantar la vista del extracto bancario. La mesa estaba llena, pero nadie comía. Su madre apretaba la servilleta. Su hermano sonreía. Por fuera, una familia normal. Por dentro, Javier sintió cómo algo se rompía… y nadie quiso escucharlo.
Javier tenía 38 años y todavía se sentía como un invitado incómodo en la casa donde creció. Cada domingo era igual: comida familiar en el piso de sus padres en Alcalá de Henares, la mesa bien puesta, el tono educado… y esa tensión invisible que nadie nombraba. Su padre, Manuel, siempre se sentaba en la…